Sesión de control al Gobierno

Congreso de los diputadosAl entrar por primera vez en el Congreso de los Diputados, sede del poder legislativo de España, uno percibe la importancia del lugar, no sólo por el esplendor del edificio construido bajo el reinado de Isabel II, sino también por la relevancia de las personalidades que ocupan y ocuparon los escaños del hemiciclo.

Todo el edificio encierra una multitud de anécdotas y hechos históricos que fueron decisivos para la institución del Estado de Derecho en el que vivimos hoy. A las nueve de la mañana entran Sus Señorías, cada uno con su indumentaria particular, como Soraya Rodríguez con gafas de sol o Cayo Lara con chaqueta de terciopelo negro. Tres ministros entran juntos y charlando amistosamente (Ruiz Gallardón, García Margallo y Montoro), y el Presidente del Gobierno irrumpe rodeado de fotógrafos. 

Es el primero en subir a la tribuna: el Presidente del Congreso solicitó su comparecencia ante la Cámara para explicar los acontecimientos ocurridos en la Unión Europea, entre ellos la anexión de Crimea a Rusia.  Le aplaudieron desde la tribuna de invitados bajo la fulminante mirada del bedel que rápidamente increpó a los escandalosos invitados recordándoles que estaba prohibido reaccionar a las comparecencias de Sus Señorías.  

Al Presidente del Gobierno siguieron el Presidente de la Oposición, así como los Presidentes de los Grupos Parlamentarios, que, cada uno velando por los intereses de su electorado, preguntaron a Mariano Rajoy sobre cuestiones diversas como la respuesta de Bruselas ante las incursiones en territorio español desde el norte de África, y otras cuestiones, indudablemente menos relevantes, como apoyar a la oposición a la dictadura del guineano Obiang.

El señor Pérez Rubalcaba preguntó también por el entonces desconocido candidato del Partido Popular a las elecciones europeas, duda que fue resuelta momentos después, cuando María Dolores de Cospedal anunció en una rueda de prensa que el candidato sería Miguel Arias Cañete, ovacionado al instante en el hemiciclo.

Ignacio Zaldívar