UNIV ’14

UNIV 2014El viernes 11 de Abril – el día en el que comenzaban las vacaciones de Semana Santa-, tuvimos que despertarnos  incluso antes que para ir al colegio.  A pesar de esto, lo hicimos con mucha ilusión ya que nos íbamos a embarcar -no en un avión- pero si en un autobús con destino Roma.

A las 10 ya estábamos listos para salir. En un abrir y cerrar de ojos habíamos abandonado Cataluña, la última provincia española antes de pisar suelo francés. En otro abrir y cerrar de ojos estábamos en la frontera italiana donde unos amables Guarda di Finanza nos dieron una efusiva bienvenida.

Al amanecer paramos a desayunar y un par de horas más tarde estábamos en Siena.  Allí pudimos ver la catedral conservada perfectamente desde el siglo XII en que fue construida. Nos dio tiempo hasta para tomarnos la primera pizza italiana.

Pasadas las últimas dos horas de viaje en el autobús, finalmente llegamos a Roma. Pasamos por delante del Vaticano antes de llegar a “El Cassaletto” donde Sor Gilda no recibió y nos dio las instrucciones básicas de convivencia: “non fumare” y bebidas solo en “el bar” (la máquina).

Nuestro día a día era: nos levantábamos, desayunábamos, meditación y misa. Después íbamos a Roma. Visitamos el Vaticano, los Scavi, Villa Borgesse… también el Panteón, el Coliseo la Piazza Navonna, la Fontana di Trevi, etc. Lo impresionante de Roma, es que puedes estar una semana entera visitando miles de sitios diferentes.

El primer día pudimos  ver al Papa a escasos metro de nosotros (por cierto, es mucho  más alto de lo que aparenta en la tele). Otro día tuvimos la suerte de asistir a una tertulia con el Padre, que no paró de responder preguntas hasta que le dijeron que era tarde.

También es destacable el congreso al que asistimos en el que vimos gente de muchos países y culturas, y aprendimos muchas cosas nuevas.

Pablo comentaba en su crónica sobre la convivencia de estudio, que acabamos saturados de pasta. Aquí el menú era pasta y pollo, pero estaba tan bueno que no consiguieron saturarnos.

Los días pasan y pasan y sin darnos cuenta es domingo y tenemos que irnos. Antes de abandonar la ciudad eterna, asistimos al tradicional show en el que nos reímos mucho y disfrutamos de las actuaciones musicales de gente de diferentes países.

Emprendemos el viaje de vuelta. La noche la pasaron algunos en el pasillo, otros tumbados ocupando dos sillones y los más profesionales, con antifaz y almohada hinchable. Nada más llegar a España asistimos  a la santa misa y 5 horas más tarde estábamos en Madrid.

Personalmente, de esta convivencia me quedo con: haber visto al Papa y al Padre, haber vivido la Semana Santa en Roma, y el haber conocido gente nueva. Muchas gracias a todos los que la han hecho posible.

Nicolás Manola